El Peregrino

Durante la

sábado, 24 de junio de 2017

Estadíos en el desierto

Abrió los ojos a la realidad.

El blanco ruido taladró los oídos siendo incomprensible cualquier suceso, susurros inaudibles retumbaban como palabras en su mente ¿En que momento le invadió el silencio, cuando sus entumecidas  piernas olvidaron responder ante el único anhelo que la vida le otorgaba? la misma existencia. 

Todo a su alrededor sucedía con la costumbre misma adquirida por los años, sin embargo no podía entender que lo alejaba de aquel lugar y aquel momento, como si una inmensa e invisible burbuja lo envolviera apartandolo en la interioridad de su ser.

Durmió y despertó, desconociendo los límites entre el sueño o la vigilia, siguió sin despertar, quizás sin dormir, quizás tratando de recordar qué había sucedido antes de abrir los ojos, o si acaso alguna vez había existido ese instante que recordaba donde el tiempo y el espacio regían la concepción del universo. 

Solo rodeado de pensamientos con la existencia marcada en los dolores presentes, silencios abrumadores, muestras de vida de su miserable cuerpo aferrado cual hojarasca seca bajo el  azote del delirio.

Hubo conversaciones, hubo actos y hubo pensamientos, ¿Qué fruto prohibido le habría desterrado abriendo los ojos en un desplome sin tiempo ni espacio? Un titubeo, una mirada al abismo, la carencia de aire y un demonio que sonríe formaban corte en aquél limbo tejido de sueños y vigilias aparentes, páramo olvidado en los confines del alma.

Aquél llano traía memorias consigo, sonrisas familiares de antiguos fantasmas y miedos. Ya conocía ese lugar, con huellas de caminos ya trazados y marcas en el entorno que al mismo tiempo reflejaban el alma; esos sonidos y esos silencios, voces revueltas en el susurro del aire, entierros de la percepción en la agonía del tiempo, hoy le abrían los brazos una vez más ante una existencia inminente.

El encontrar familiaridad en aquél plano resultaba una alienada belleza y tranquilidad, quizás nunca logró abandonar el entorno, simplemente olvidó su existencia. 

Días sin tiempo, sin lugar, al alejarse el hombre de su cotidiano abre sus ojos al infinito, y es ahí donde pierde su individualidad, el universo entero se manifiesta en el interior. 

Un estadío de eternidad en un instante del tiempo, cual pintura de Chirico un tren que nunca avanza a ninguna parte, un menguante atardecer que se niega a sucumbir ante la oscuridad, y la contemplación de la soledad del hombre ajeno a su entorno.

-Este desierto tiene algo de sal- dijo el hombre, descubriendo como el hilo de sus palabras transformaban una idea en un acto de tiempo y espacio.
-Asemeja a un cristal molido que vuelve a la arena de su origen, del polvo surgimos y en polvo nos hemos de convertir- su voz se entrecortaba a cada palabra, perdiendo un poco de intensidad en cada sonido; sin embargo sus palabras seguían fluyendo.
-Quizás encuentre en este sol que me destroza un camino capaz de unir mi misera flama consumida en el candil del cuerpo, puesto que el fuego carcome mis palabras y ya mi garganta grita alegre el fin del pabilo.- 

Mientras sus palabras se transformaban en susurros una llama desmoronaba sus pies y manos, lentamente los miembros abandonaban el cuerpo deslizandose en el aire arrastrados por la misma briza de los susurros.

-Por última vez veo las marcas en la arena, algunas ajenas otras propias, mismas que el fuego ha grabado en la carne, una, y otra vez. Solo encuentro en el desliz de las palabras un dulce consuelo donde el fuego pueda abrirse camino de vuelta al sol, no hay lágrimas que derramar ni dolor que sentir  pues claro está, el fuego ha de destruir lo corrupto en su camino hacia lo eterno.- Su voz era inaudible, ya su torso desvanecido perdía forma humana mientras el rostro cedía lentamente contra el rayo del sol. Con un leve suspiro el rostro se perdió en las arenas, deformado y mimetizado en el polvo de su origen.

En un punto lejano unos ojos miraron el desierto.

1 comentario:

Si llegaste a este blog, es porque tú también tienes algo que contar, alguna memoria dentro de tu ser... muestrala